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Jaque mate a la Tierra.

28 de Abril de 2014 | Santiago Mariani

Con más pena que gloria se acaba de conmemorar otro Día Mundial de la Tierra, una jornada sumamente propicia para poner, al menos en esa ocasión, el foco de atención sobre los dilemas que aquejan al ambiente. En paralelo con esta conmemoración, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático de Naciones Unidas dio a conocer un quinto informe con rigurosos y contundentes datos que vinculan la actividad del ser humano con el proceso de calentamiento global, un fenómeno todavía negado de manera irresponsable por algunos que insisten en sostener que se trata del ciclo normal del clima. El hecho concreto es que, como sostiene el informe, el calentamiento global está sucediendo debido a las consecuencias que genera nuestra forma de producir y consumir. Es decir, contamos con información sobre la degradación irreversible de la naturaleza y somos testigos de los cambios que se están produciendo a nuestro alrededor pero ello no ha sido, hasta ahora, incentivo suficiente para que nuestros estados lleguen a un acuerdo mínimo de cooperación que posibilite revertir el calamitoso sendero de destrucción que recorre la humanidad.

Los esfuerzos multilaterales desplegados en las diversas cumbres climáticas que han tenido lugar a lo largo de los últimos años han fracasado y no se vislumbra un horizonte de solución. Los países ricos, principales responsables del problema, no están dispuestos a solventar la reconversión de los modos de producción y consumo. Los países emergentes reclaman a su vez el mismo derecho al desarrollo y no están dispuestos a sacrificar el objetivo de elevar los niveles de vida de sus sociedades aún cuando para lograrlo se ponga una presión insostenible sobre el ambiente. La solución está en lograr mantener niveles de contaminación que no generen una catástrofe ambiental, pero eso requiere medidas de confianza con verificaciones de su cumplimiento in situ y en ese punto es donde un acuerdo se bloquea.

No hay demasiada voluntad de pagar el costo enorme de la reconversión y nadie confía en que el otro vaya a cumplir los límites fijados. Esta es la dinámica que condiciona a los representantes que participan de las cumbres y el tema de fono que mina la cooperación entre los estados. La ciudadanía tampoco logra generar una presión suficiente para que eso suceda porque quienes se ven más afectados por las consecuencias del calentamiento global y que más necesitan de esa cooperación son los sectores más vulnerables. La voz de los pobres y la capacidad de influir y de demandar cambios a sus representantes es mínima frente al poder que despliegan los grupos económicos.

La falta de visión que ha primado hasta ahora para producir el cambio, antes de que sea demasiado tarde, nos hace pensar que no habrá novedades. En este panorama tan desolador son mínimas las posibilidades de que los actuales líderes, conscientes de la responsabilidad que les cabe en este asunto, asuman el riesgo de celebrar acuerdos que conllevan un costo político de corto plazo. Los cambios, siguiendo lo que ha sucedido en las negociaciones infructuosas sobre el cambio climático, tendrán lugar entonces cuando las consecuencias del calentamiento global sean tan dañinas y severas que el costo de la falta de cooperación se haga insoportable y no haya posibilidad de seguir dilatando un acuerdo. Será ya muy tarde si eso sucede porque la Tierra estará en jaque mate y en esa posición no hay salida alguna. La próxima cumbre sobre el cambio climático que tendrá lugar en Perú nos dirá si el jaque mate está próximo o si lograremos esquivarlo.

Autor: Santiago Mariani


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